¿Alguna vez te has dado cuenta de cómo cambia tu estado de ánimo después de pasar un rato en redes sociales? ¿Y cómo una simple notificación de Whatsapp puede interrumpir lo que estabas pensando o haciendo? ¿Qué me dices de cómo se puede transformar un momento por la simple aparición de un anuncio, una canción, una noticia…? Los estímulos de los que estamos rodeadas están cargados de significados: nos afectan, nos forman y de repente o sin darnos cuenta, nos van transformando.
¿A qué nos referimos cuando hablamos del impacto del entorno en nuestro bienestar?
Desde la psicología se ha estudiado cómo los estímulos de alrededor pueden generar un impacto en nosotras. Cómo nos sentimos, qué nos gusta o nos disgusta, en qué pensamos, cómo actuamos… todo ello son respuestas que generamos con una influencia inimaginable del contexto.
Esto no tendría por qué suponer un problema, ya que es nuestra manera de entender y relacionarnos con el mundo. A través del conocimiento que adquirimos podemos reaccionar mejor.
Sin embargo, en ocasiones, este sistema puede volverse en nuestra contra. Las terapeutas que trabajamos en clínicas de piscología no dejamos de ver cómo las personas somos influenciables por lo que nos rodea, y esto promueve en muchos casos la problemática que trae a terapia. Desde dificultades con la propia imagen y autoestima, hasta adicciones o gustos problemáticos que hacen que el bienestar de la persona se vea perjudicado.

En la actualidad, las redes sociales han cogido gran relevancia en el impacto sobre nosotras. Seguramente, muchas de nosotras veamos cada día imágenes, mensajes o tendencias que, aunque parezcan inofensivos, van dejando una huella silenciosa en cómo nos percibimos e interactuamos con el mundo.
No se trata de lo que vemos, sino de lo que interiorizamos sin darnos cuenta.
Una niña utilizando productos antiarrugas, modelos con una única talla de ropa, rutinas de éxito que parecen inalcanzables… todo eso va configurando la manera que tenemos de interpretar y reaccionar.
Además, si esa visión del mundo es irreal, aún más problemática y desajustada será el intento de parecerse a ella. Sin embargo, cuanto más lo vemos más normal nos parece, y más deseo de replicarlo en nuestras vidas nos genera.
La comparación constante, a veces de forma inconsciente, nos lleva a seguir patrones o modelos por el simple hecho de que son lo que se presenta a nuestro alrededor. No sería raro que tras 10 minutos usando una red social empecemos a sentirnos insatisfechos con nuestras vidas o con una sensación de no haber logrado lo suficiente, y creamos que la solución está en ir más al gimnasio, levantarse 2 horas antes de la cama, o meterse en un hobbie nuevo. No es casualidad, ya que estás viendo una selección cuidadosamente editada de vidas ajenas muy alejada de la realidad.

¿Por qué seguimos consumiendo este contenido si somos conscientes de que nos hace daño?
La gran cantidad de estimulación, rápida, accesible, fácil, que tenemos con las redes sociales nos proporcionan un beneficio instantáneo. En algunos casos lo llamamos entretenimiento; en otros, evasión; y a veces, simplemente, hábito.
Esa gratificación momentánea no solo nos engancha, sino que empieza a moldear nuestros pensamientos, emociones y comportamientos sin darnos cuenta. Es decir, grandes dosis de (falso) bienestar inmediato frente a consecuencias negativas a largo plazo casi imperceptibles en ese momento.
¿Qué podemos hacer? Convertir tu contexto en aliado
Es importante saber identificar la información a la que estamos expuestas porque, muchas veces, pequeños cambios en el contexto que nos rodea pueden hacer grandes diferencias sobre nosotras.
Tu entorno puede ser un enemigo o un aliado de nuestro bienestar.
A continuación, se proponen algunos ejercicios para revisar nuestro contexto y generar pequeños cambios que pueden marcar la diferencia:
- Haz una lista rápida de los medios, cuentas, personas o canales que más aparecen en tu día a día. Puedes ser redes sociales, podcasts, programas, medios de comunicación, grupos de personas, publicidad…
- Para cada uno, identifica:
- ¿Qué emociones me genera habitualmente este contenido? ¿Me inspira, me entristece, me calma, me agobia, me presiona, me hace cambiar de idea rápido, me genera una necesidad…?
- ¿Qué me aporta (positiva o negativamente) a corto, medio y largo plazo?
- Marca en verde aquellos que en su balance sean estímulos positivos en tu vida y marca en rojo los que te perjudican.
- Criba consciente: revisa el resultado y comienza a eliminar o silenciar aquellas fuentes marcadas en rojo.
- Seguimiento: identifica los cambios que te ha proporcionado esta modificación del entorno y sigue reforzando aquello que te hace bien.
Puede que ahora tu entorno o tus hábitos hayan cambiado a raíz de esta selección. Para terminar, puedes pensar cuáles son las cosas que te gustaría que el entorno te aportara y buscar fuentes elegidas para ello.
Por ejemplo, si somos conscientes de que últimamente nos sentimos peor con nuestro cuerpo, podemos buscar cuentas o personas que reflejen hábitos de salud equilibrados y que hablen del cuerpo desde una mirada respetuosa y real.
Si estuviéramos teniendo problemas con la autoestima, podríamos seguir perfiles que fomenten el autocuidado sin promover comparaciones o exigencias constantes.
Si lo que nos preocupa es la ansiedad o el estrés, quizá nos ayude rodearnos de contenido que nos invite a la calma: proyectos lentos, espacios de silencio, prácticas de respiración o simplemente personas que muestran la vida sin filtros.

Por último, dejo algunas preguntas que pueden ayudar a reflexionar sobre el tema:
- ¿Qué tipo de contenido busco cuando me siento triste, ansiosa o aburrida?
- ¿Qué emociones suelo sentir después de pasar tiempo en redes o ver ciertas noticias?
- ¿Estoy consumiendo información que me ayuda o que me agota?
- ¿Con quién me comparo con más frecuencia y por qué?
- ¿Qué cuentas, personas o entornos me hacen sentir que “no soy suficiente”?
- ¿Estoy midiendo mi progreso con mi propio ritmo y objetivos o con el de los demás?
- ¿Siento que puedo ser yo misma en mi entorno cercano, o adapto mi forma de estar para encajar?
- ¿Me permito desconectarme del ruido digital sin sentir culpa o “miedo a perderme algo”?
- ¿Qué tipo de contenido quiero que haya en mis redes, mis espacios y mis relaciones? ¿Son acorde a mis valores y objetivos a largo plazo?
- ¿Qué versión de mí misma quiero alimentar o llegar a ser con lo que consumo y con quién me rodeo?
El entorno que nos moldea también puede ser moldeado de forma consciente a nuestro favor.


