BLOG

Cuando nada parece ser suficiente

¿Alguna vez has sentido que, por mucho que hagas, no es suficiente? Puede que termines el día cansada, habiendo cumplido con muchas de tus responsabilidades, y aun así sientes esa sensación de insuficiencia, acompañada de pensamientos como, podría haber hecho mucho más, lo podría haber hecho mejor, diferente. Cuando esto ocurre, como consecuencia se complica mucho el disfrutar de lo conseguido, pueden aparecer las comparaciones y, poco a poco, la exigencia en cuanto a que “tienes que hacer” puede tomar el control (descontrolándolo todo).

Muchas mujeres, pueden interpretar esta experiencia como un problema propio de autoestima, porque las ideas que pueden aparecer suenan como “no me valoro lo suficiente”, “tengo que quererme más”, “debería de ser más segura” … pero ¿y si el problema no fuera solo en relación a la autoestima?

Es importante hacer una pequeña pausa y plantear entonces otra hipótesis: ¿y si lo que llamamos “baja autoestima” es, en realidad, el resultado de una autoexigencia aprendida y sostenida socialmente?

Una construcción social, no un fallo individual

Durante mucho tiempo, el discurso psicológico más extendido ha abordado la autoestima como algo únicamente individual: una característica interna que debemos trabajar, aumentar y fortalecer nosotras mismas. Sin embargo, autoras como Elia Roca, han señalado que muchas dificultades emocionales en mujeres no pueden entenderse sin atender al contexto en el que se desarrollan. Esto nos lleva a hipotetizar que no nacemos sintiéndonos insuficientes, aprendemos a sentirnos así.

Repertorios comportamentales como el cumplir con expectativas externas, ser responsables con el cuidado de otras personas, no generar conflictos, ser simpáticas y amables ante todo pronóstico, se ven reforzados socialmente en las mujeres de manera diferencial ante otros comportamientos. Esto es lo que se entiendo como socialización de género.

Por lo tanto, las se comienza a vincular el valor individual como persona en relación a conductas observables por los otros y que, dentro de la sociedad patriarcal, reforzaran o no.

Aquí es donde la autoestima deja de ser algo simplemente individual, o un rasgo inamovible, y pasa a depender del rendimiento de la persona como una variable más a tener en consideración.

De esta forma, se origina una especie de ecuación exigente:

  • Si cumplo mis objetivos entonces valgo
  • Si no los cumplo, no soy suficiente

A simple vista, esto puede parecer lógico, ya que vivimos en una cultura que premia el esfuerzo, la constancia y los resultados. Sin embargo, cuando miramos más de cerca, aparece una cuestión clave: ¿qué tipo de objetivos nos estamos marcando?

No se trata solo de que haya metas, sino de cómo son y cómo nos las planteamos. En muchos casos, los objetivos que nos imponemos no son realistas y pueden estar fomentados por reglas rígidas y exigentes, como, por ejemplo: “debería poder con todo”, “tengo que hacerlo perfecto”, “no puedo fallar” … Estas ideas, establecen un criterio de ejecución desajustado e inalcanzable en términos de ejecución para cualquiera. Y aquí es cuando se pasa de querer hacer algo a tener que hacerlo perfecto, sin fallos y todo.

En conclusión, el problema aparece también en relación con los estándares que no están ajustados a la realidad de lo que es posible sostener.

Si te mueves desde estos estándares tan rígidos y exigentes, imagino que ya habrás comprobado que nunca alcanzar el nivel que esperas de ti misma en ningún ámbito de tu vida. Y esto no es porque no tengas cualidades y aptitudes positivas como persona, sino porque el criterio está colocado demasiado alto.

Antes comentábamos la ecuación exigente (si cumplo, valgo; si no cumplo, no soy suficiente) y vamos a ver que pasa a nivel de sensaciones cuando alguien está expuesta a estas ideas:

  • Si cumplo, se puede obtener un reforzamiento negativo instantáneo, es decir, se alivia el malestar momentáneamente y también un reforzamiento positivo, es decir, una congruencia con nuestras expectativas (desajustadas, pero expectativas).
  • Si no cumplo, es probable que aparezca el castigo, es decir, pensamientos de autocrítica hacia tu persona, lo cual facilita la aparición de emociones como la culpa o la frustración.

De esta manera, la autoexigencia se mantiene porque funciona a corto plazo, reduciendo el malestar cuando hacemos todos los intentos por aproximarnos a cumplir con las expectativas desajustadas. El problema que aquí nos encontramos es que este funcionamiento está sostenido sobre criterios inalcanzables, por lo que el ciclo nunca se cierra del todo.

Entonces, ¿todo esto cómo se une con la autoestima?

Cuando hablamos de autoestima en términos cotidianos, seguro que te resuenen frases del estilo “querernos más” o “valorarnos mejor”. Sin embargo, desde el enfoque de la psicología conductual y, por ende, del análisis de conducta, es más útil entender qué relaciones estamos estableciendo con nosotras mismas a través de nuestra historia de aprendizaje y del entorno que nos rodea.

Vamos a ir entrando en esta explicación, pero antes de ello, seguro que también has escuchado hablar del autoconcepto. Este término hace referencia a las descripciones que hacemos sobre quienes somos: “soy capaz”, “soy inteligente”, “soy insuficiente”, “no soy buena en x” … Estas verbalizaciones no aparecen de la nada, sino que se construyen a partir de las contingencias con nuestro entorno.

Por ejemplo, si recibir reconocimiento social ha estado vinculado a rendir, cumplir o anticiparse a las necesidades de otras personas, es probable que el autoconcepto se organice en torno a esas conductas. Es decir, no solo hago cosas, sino que paso a definirme en función de ellas.

¿Y el feminismo por qué es relevante en todo esto?

Desde una perspectiva feminista, esto no ocurre en el vacío. La socialización de genero (que comentábamos al comienzo), ha reforzado históricamente en mujeres repertorios conductuales vinculados al cuidado, la responsabilidad, la autoexigencia y la disponibilidad hacia otras personas. Esto tiene una consecuencia clara: el valor personal queda fácilmente condicionado al desempeño de estos roles socialmente establecidos y definidos.

Por eso, cuando aparece la idea de “no soy suficiente” o “todo lo que hago no es suficiente”, no necesariamente estamos ante un problema de autoestima per se, entendiéndolo como algo individual que hay que “arreglar”. Lo más probable es que no encontremos ante un repertorio conductual aprendido que está funcionando de forma coherente con el contexto en el que se ha desarrollado.

El malestar, en este sentido, no es un fallo individual, sino una señal de que los criterios desde los que te estás evaluado pueden ser demasiado rígidos o incluso no elegidos del todo de manera autónoma, individual y consecuente.

Con todo esto, se puede abrir una vía de trabajo alternativa:

En lugar de centrarnos únicamente en “subir autoestima”, puede ser más útil empezar a cuestionar las reglas que están guiando nuestra conducta, por ejemplo:

  • ¿En base a qué aprendí todos los “debería” que me digo?
  • ¿Qué pasa exactamente cuando no cumplo con mis expectativas?
  • ¿Qué estoy evitando o buscando obtener cuando me exijo de esta manera?
  • ¿Qué conductas están siendo reforzadas en mi entorno?

Con este tipo de preguntas podemos aproximarnos a entender el problema, cómo ha sido su construcción y de qué manera se está manteniendo en tu día a día. Con ello, se abre la posibilidad al trabajo, a flexibilizar estas reglas, que nada tiene que ver con dejar de tener expectativas o bajar nuestra productividad o responsabilidad.

Flexibilizar significa ajustar los criterios a lo que es viable, introducir un posible margen de error y, sobre todo, desvincular progresivamente el valor personal del rendimiento constante.

Este trabajo viene de la mano con empezar a reforzar otras conductas que quizás no ha sido tan reconocidas o no se les ha dado el valor tan importante que tienen, como, por ejemplo:

  • Descansar
  • Poner limites
  • Pedir ayuda
  • Tolerar el error

Este cambio no suele ser inmediato, porque implica ir en contra de aprendizajes muy consolidados, pero, sin embargo, poco a poco se puede ir generando una relación diferente con una misma.

Y en todo este proceso de trabajo, el objetivo es que la sensación de insuficiencia puede empezar a perder fuerza y puedas encontrar maneras diferentes de poder definirte y, por lo tanto, tu autoestima se vea reforzada, trabajada y ajustada.

Finalmente, y si has llegado hasta aquí, un aspecto importante y útil es contar con espacios que permitan trabajar precisamente desde este enfoque. El taller de “El peso de la autoexigencia” propone un abordaje coherente con lo que he podido plasmar en estas líneas: entender la autoexigencia como un patrón aprendido, analizar su función y empezar a flexibilizar los criterios desde los que una se evalúa.

Esto puede ser un buen punto de inicia para comenzar a revisar la relación contigo misma, no desde la exigencia de mejorar, sino desde la oportunidad de generar condiciones más ajustadas y sostenibles para tu bienestar y comodidad a largo plazo.

Compartir en redes:

Facebook
Twitter
LinkedIn

Artículos relacionados

No había etiqueta/límites/fronteras. No llegasteis a hablar claramente de lo que estabais construyendo. No era “tu pareja”, ni tu nada en realidad. Y, sin embargo, aun duele. No puedes dejar de pensar en la persona, repasas conversaciones, vuelves a imaginar...
En un artículo anterior reflexionábamos sobre cómo muchas mujeres se han acercado históricamente al deporte desde la presión estética. No como un espacio de disfrute, fuerza o conexión, sino como una estrategia para corregir el cuerpo. Para adelgazar, tonificar o...

Escrito por:

Con la llegada de febrero, las calles, las redes sociales e incluso los escaparates de las tiendas se llenan de corazones, flores y ofertas de experiencias románticas. San Valentín se presenta como la celebración del amor por excelencia, pero da...

Escrito por:

Históricamente, la rabia femenina ha sido una emoción mal vista y sistemáticamente castigada de manera directa e indirecta. Se ha intentado desacreditar el enfado en las mujeres: ridiculizándolo, patologizándolo o convirtiéndolo en un problema individual, en lugar de leerlo como...

Escrito por:

¿Alguna vez te has dado cuenta de cómo cambia tu estado de ánimo después de pasar un rato en redes sociales? ¿Y cómo una simple notificación de Whatsapp puede interrumpir lo que estabas pensando o haciendo? ¿Qué me dices de...

Escrito por:

En un mundo donde estamos constantemente bombardeados por responsabilidades, noticias y expectativas, la ansiedad se ha convertido en una experiencia cotidiana para muchas personas. En la actualidad, los problemas de ansiedad se encuentran entre los motivos de consulta más comunes,...
¿Y si no fuera que nos exigimos tanto por amor propio, si no por miedo a no ser suficientes? La autoexigencia femenina como resultado de una sociedad patriarcal Desde niñas, a muchas mujeres se nos enseña a obedecer, cuidar y...

Escrito por:

Cuando intentamos hacer cambios en nuestra vida y vemos que no lo logramos, solemos pensar que “nos falta fuerza de voluntad”. Esta idea, aunque extendida, no solo es simplista, sino injusta y engañosa: nos hace creer que el problema está...

Escrito por:

La autoestima juega un papel fundamental en el desarrollo de un individuo, ya que comprende desde la satisfacción general en todas las áreas de su vida hasta las acciones que puede llegar a realizar por sí mismo/a. En este artículo,...

Escrito por:

A lo largo de nuestra vida nos encontramos, en más ocasiones de las que nos gustaría, ante situaciones futuras que suponen un desafío, por pequeño y cotidiano que pueda parecer este. Situaciones en las que tenemos que decidir qué hacemos con...

Escrito por:

ÍTACO
¿Alguna vez has oído la frase “Llorar es de débiles” referida a los hombres o “¡Qué dramática, siempre llorando!” referida a las mujeres? Las normas sociales y las expectativas de género que conforman nuestra sociedad influyen en el papel que...

Escrito por:

Incertidumbre, es una palabra que normalmente asociamos con algo desagradable, con algo indeseable. No es raro que si nos metemos en medios de comunicación podamos ver noticias con titulares parecidos a “incertidumbre en los mercados”, “incertidumbre en política”, o que...

Contáctanos

Nuestros psicólogos en Madrid te ayudarán

Nos puedes contactar en 915 760 087 o 640 949 625. Si prefieres, puedes enviarnos tu número y nosotros te llamamos.

Presencial

Online

Idiomas

Responsable: INSTITUTO TERAPÉUTICO DE ANÁLISIS DE CONDUCTA (ÍTACO PSICÓLOGOS) Finalidad: Atender tus consultas y envío de información. Legitimación: Consentimiento del interesado. Destinatarios: No se cederán datos a terceros. Derechos: Puedes ejercer los derechos de acceso, rectificación, supresión detallados en nuestra política de privacidad.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.