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Los “casi algo”: por qué enganchan y por qué cuesta soltarlos

No había etiqueta/límites/fronteras.

No llegasteis a hablar claramente de lo que estabais construyendo.

No era “tu pareja”, ni tu nada en realidad.

Y, sin embargo, aun duele.

No puedes dejar de pensar en la persona, repasas conversaciones, vuelves a imaginar escenarios posibles y te preguntas qué pasó o qué falto para que funcionara. Desde fuera sientes miedo a sonar exagerade: “Pero si no éramos nada”. Aun así, desde dentro, en cambio, el recuerdo se siente muy real.

¿Qué es un casi algo?

Un “casi algo” se podría definir como un vínculo sexo-afectivo en el que existe conexión/deseo/interés, tiempo compartido o expectativas, pero no hay una claridad sobre aspectos como el nivel de compromiso que se quiere tener, el tipo de exclusividad que se quiere dar o el lugar que ocupa cada persona en la relación.

Con relación nos referimos a cualquier tipo de vínculo entre una o varias personas (monógama/no monógama).

La socióloga Eva Illouz ha analizado como en la modernidad, las relaciones afectivas están atravesadas por lógicas de consumo, elección constante e incertidumbre. En este contexto donde convive la cultura de la disponibilidad permanente, muchas personas sienten que no hay claridad suficiente en sus vínculos.

Esto no implica siempre una mala intención por parte de nadie. A veces hay diferencia de deseo, momentos vitales distintos, ciertos miedos, dificultades para comunicar necesidades o una cultura relacional que normaliza “dejarse llevar” o “fluir” sin hablar de las consecuencias emocionales que eso implica.

El problema no es la falta de etiqueta en si misma (porque no hace falta usar una). El problema aparece cuando la ambigüedad se sostiene a costa del bienestar emocional de una de las dos partes.

¿Por qué cuesta tanto soltar algo que “ni siquiera fue”?

Desde un punto de vista conductual, una de las claves está en entender el refuerzo intermitente, que explica como una conducta que recibe recompensas de forma impredecible o aleatoria tiende a mantenerse con mucha más fuerza.

Al no saber cuándo llegará el mensaje, la propuesta de veros o la muestra de interés o atención, La expectativa se mantiene activa.

Un día te escribe con intensidad.
Otro desaparece.
Un día parece “elegirte”
Otro se distancia.

Esa alternancia no suele generar calma, pero sí mucho “anclaje”. No te vinculas solo con lo que realmente ocurrió, sino también con la historia que construyes sobre lo que podría haber sido. En psicología conductual, esa narrativa que te cuentas, es llamada reglas verbales: instrucciones o creencias aprendidas que guían nuestra conducta sin necesidad de experiencia directa.

Ideas como: “si espero, cambiarᔓsi no presiono, acabará eligiéndome” o “lo nuestro era especial, solo necesitaba tiempo”, pueden mantenernos enganchades incluso cuando los hechos muestran otra cosa.

¿Duele más que una ruptura formal?

Depende de muchas variables. Algunas de ellas son tu propia historia de aprendizaje, el grado de vinculación emocional, de la expectativa creada o tus redes de apoyo, entre muchas. Pero en algunos casos si se siente más dolorosa. Porque no solo se pierde a una persona, si no el valor reforzante de la ilusión (pensamientos orientados hacia lo que podría haber sido) o el futuro imaginado (generalmente idealizado).

Además, al no haber un reconocimiento social del vínculo como “pareja formal”, es fácil acabar invalidando el propio duelo.

“no debería estar así”
“si no éramos nada, no tengo derecho a sentirme así”
“estoy exagerando”

La nostalgia nos distorsiona

Y es precisamente en ese intento de quitarle importancia a lo que sientes donde la nostalgia empieza a ganar fuerza.

Tendemos a romantizar o normalizar la nostalgia, pero muchas veces, está ligada a la perdida. La palabra nostalgia proviene del griego nóstos (regreso) y álgos (dolor): el dolor de querer volver.

Pero el recuerdo, por mucho que lo queramos romantizar, no es objetivo. No funciona como una grabación de video. El sesgo cognitivo denominado “Optimism bias” (Sesgo optimista) explica como recordamos los eventos pasados de una manera más favorable, suavizando los aspectos negativos y resaltando los positivos con el tiempo.

No extrañas solo lo que pasó. A veces extrañas la versión idealizada de lo que crees que paso y de lo que podría haber sido.

La ambigüedad no pesa igual en nosotres

Desde la infancia, a las personas socializadas como mujeres se las educa de una manera diferente. Ejemplos de este aprendizaje diferencial son el:

  • Esperar
  • Ser empátiques: comprender de más
  • Justificar conductas de los demás (aunque nos hieran)
  • Sostener emocionalmente
  • Leer señales ambiguas
  • Tener paciencia
  • Convertir la elección ajena en medida de nuestro valor
  • Etc.

Ademas de sostener todos estos aprendizajes, si en un momento surge el deseo legítimo de poner límites en la relación, se acaba etiquetando la conducta como exigencia, intensidad o “drama”. Generando, por tanto, un vínculo relacional descompensado, donde una persona disfruta de la cercanía sin asumir límites o acoger las necesidades de la otra, mientras la otra parte, sostiene el coste emocional de la incertidumbre.

Y todo esto no porque las personas socializadas como mujeres “sean así”, sino porque existe una clara socialización diferencial que premia la complacencia y penaliza el límite.

Soltar un “casi algo” también es cuidarse

Cerrar este tipo de vínculos no consiste en olvidar rápidamente. Si no generar nuevos aprendizajes referidos a como nos relacionamos con el otre y con los recuerdos que nos vienen de esa persona, nuevos aprendizajes respecto a mi discurso verbal referido a lo que fue o podría haber sido

Aquí algunos procesos que podrían ayudarnos:

  • Nombra lo vivido sin minimizarlo: Te afectó, eso basta para darle importancia
  • Mirar los hechos de manera objetiva. ¿Qué ocurrió realmente? No te centres solo en lo bueno.  
  • Rodearte de personas que te hagan sentir queride y acogide.
  • Hacer duelo de la fantasía. No solo de la persona, también del futuro irreal que imaginaste.
  • Revisar patrones aprendidos. Entender a que responde mi conducta.
  • Reforzar límites claros. Pedir claridad no espanta a quien quiere construir algo contigo, sea el tipo de relación que sea.

Con el tiempo (y con ayuda si lo necesitas), ves el daño que antes justificabas, reconoces patrones de comportamiento que parecían amor y eran malestar. Entiendes que no merecías vivir pendiente de señales ambiguas. Merecías vivir tranquile y en paz. 

Bibliografía

Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D., & Roche, B. (2001). Relational frame theory: A post-Skinnerian account of human language and cognition. Kluwer Academic/Plenum Publishers.

Hayes, S. C., Wilson, K. G., Gifford, E. V., Follette, V. M., & Strosahl, K. (1996). Experiential avoidance and behavioral disorders: A functional dimensional approach to diagnosis and treatment. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64(6), 1152–1168. https://doi.org/10.1037/0022-006X.64.6.1152

Sharot, T. (2011). The optimism bias: A tour of the irrationally positive brain. Pantheon Books.

Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan.

Skinner, B. F. (1957). Verbal behavior. Appleton-Century-Crofts.

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