Las inteligencias artificiales (IA) suponen una nueva revolución tecnológica que, por cierto: ¿Cuántas llevamos en los últimos años? En cualquier caso, como cualquier tecnología nueva genera opiniones, debate, dudas y recelos. El objetivo de este breve texto es abordar algunos de los posibles riesgos que puedan derivar de su uso en relación a la salud psicológica y también cuáles pueden ser las mejores maneras de prevenirlos.
Como cualquier herramienta y tecnología, las IAs, no son malas o buenas de por sí, depende del uso que se le den a las mismas y que efectos tienen en los/las usuarios/as. Es importante destacar que, para poder usar una herramienta de manera efectiva y segura, hay conocer su funcionamiento y qué finalidad queremos darle. Ojo, con esto no quiero decir que para usar IAs tengas que saber de programación, redes neuronales u otros términos que suenan a tecno-hechicería, me refiero a que debemos comprender ciertos puntos importantes sobre su funcionamiento:
- Son las únicas herramientas que aprenden, por lo menos hasta cierto punto. Cualquier persona que haga uso de una IA puede enseñarle múltiples cosas. Esto es una ventaja y un peligro. ¿Por qué? Porque si la enseñamos bien podemos tener una herramienta muy eficiente a la hora de proporcionarnos información, ideas y contextos. Pero si le enseñamos mal podemos tener una herramienta que retroalimente algún problema que pueda experimentar la persona.
- Ejemplo de buen uso. Puedes entrenar a la IA para que te agilice ciertas partes de tu trabajo que pueden ser tediosas ¿Utilizas excel? Puedes enseñar a la IA a que te ofrezca soluciones rápidas a la hora de crear bases de datos.
- Ejemplo de conducta de riesgo, puedes entrenar a tu IA a que te de la razón en todo lo que le plantees. Esto nos lleva al segundo punto.

- Cualquier persona que usa una herramienta aprende y cambia a base de usarla. Esto puede ser más sutil, pero es importantísimo comprenderlo. Aprendemos y cambiamos conforme usamos una herramienta nueva. A ver, podemos estar de acuerdo que usar una herramienta como puede ser la air-fryer no nos va a cambiar como personas, en principio, pero sí hay otras que nos pueden cambiar más. El mejor ejemplo que tenemos de esto tener son las redes sociales. En principio surgieron como una manera de conocer gente, de mantener contactos y de estar entretenidos/as, sin embargo, a día de hoy cada vez se relaciona más su uso (de determinada manera) con un incremento en los sentimientos de soledad por parte de la población (Bonsaksen, 2023) o incluso la manipulación de la opinión pública a escala masiva (Chen, 2022) ¿Qué podemos aprender con el uso de la IA? Infinidad de cosas, podemos aprender nuevas recetas de cocina o, podemos aprender a contarle nuestras más profundas intimidades, las que no le contamos a nadie más, y a que más le cuentas, menos te parece necesitar mantener contacto con otros.
¿Se empieza a ver cuál puede ser el problema? Estamos ante una de las tecnologías que más nos puede cambiar al usarla, si no la que más. A esto habría que añadir que no viene con manual de instrucciones y, muy importante, que las personas no estamos educadas en entender cómo funciona nuestro comportamiento, vamos que tampoco sabemos nuestro propio manual de instrucciones. Si juntas lo primero con lo segundo pueden surgir resultados catastróficos, por lo que aquí van algunas recomendaciones para prevenir problemas por su uso:
- El uso de la IA no es un sustitutivo de terapia: En una terapia psicológica el/la terapeuta se encargará de conducir la terapia hacia los objetivos acordados con el/la consultante, esto lo hará en base a los conocimientos científicos y a la formación recibida a lo largo de su carrera, sabiendo identificar en qué momento ciertos comportamientos son pro-terapéuticos o anti-terapéuticos y ajustando su intervención a esto para producir los cambios deseables. Una IA carece de este marco contextual y está sujeta a cómo la “eduque” la persona que la use, pudiendo decir cosas que suenan a terapia pero que no provocan cambio terapéutico. Esto puede suponer un coste de oportunidad para la persona, ya que no está recurriendo a medios de cambio que sean significativos. Por lo general este error de concepción surge ante del desconocimiento de lo que es una terapia psicológica, existiendo muchos mitos sobre esta.

- La IA no debe sustituir la interacción humana: El sentimiento de soledad es algo bastante extendido en nuestra sociedad, y usar la IA, con su manera de emular la interacción humana, puede ser tentador en esas circunstancias. ¿Por qué no emplearla para sentirte menos solo/a? Por varias cosas:
- Porque puede favorecer aún más el aislamiento y la dependencia. Ya que al tener esa necesidad de interacción humana parcialmente, podemos estar menos motivados/as a llevar a cabo cambios que nos permitan desarrollar una red de apoyo social. Aparte de que estamos a un apagón de distancia de tener una crisis vital.
- Porque podemos aprender cosas equivocadas sobre interacción humana. Las personas marcamos límites cuando una persona nos hace sentir mal, tardamos en responder a mensajes de whatsapp (o la red que sea), no respondemos siempre de manera óptima ni desarrollada. Si interaccionas principalmente con IAs puede suponer un gran coste habituarte a hablar con personas.
- Porque podemos enseñarla a darnos siempre la razón. Con el grandísimo problema que puede suponer esto.
Estos son algunos de los riesgos que puede implicar el uso de la IA. Hay más, pero estos serán para otro día.
REFERENCIAS
Bonsaksen, T., Ruffolo, M., Price, D., Leung, J., Thygesen, H., Lamph, G., y Geirdal, A. Ø. (2023). Associations between social media use and loneliness in a cross-national population: do motives for social media use matter? Health Psychology and Behavioral Medicine, 11(1). https://doi.org/10.1080/21642850.2022.2158089
Chen, L., Chen, J., Xia, C. (2022). Social network behavior and public opinion manipulation. Journal of information security and applications, (64). https://doi.org/10.1016/j.jisa.2021.103060


