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¿Por qué nos han prohibido el coito?

Esta pregunta es una muy habitual dentro de cualquier terapia sexológica, tanto por parte del usuario/a como de sus parejas. Es una técnica que se suele pautar desde las primeras sesiones y tiende a generar confusión y recelo. Si las personas que acuden al especialista lo hacen para poder disfrutar satisfactoriamente de sus relaciones sexuales ¿Por qué lo primero que se hace es entonces prohibirlas? Pues vamos por partes, que para algo es este artículo.

Lo primero es que no se prohíben las relaciones sexuales, se prohíbe el coito o la penetración, que no es lo mismo. Una relación sexual es un tipo de interacción que se puede dar entre dos o más personas en la que lo primero que se suele dar es placer sexual, así como otra serie de sensaciones muy agradables. A la hora de entrar en materia puede haber un sinfín de prácticas distintas, siendo el sexo con penetración, ya sea esta oral, vaginal o anal, una más de todas las posibles. Cierto es que al sexo con penetración se le ha colocado en el pedestal en lo que a sexo se refiere, pero eso es algo que ya se abordará otro día y en otro post.

Lo importante de esto es destacar que, aunque se prohíba el sexo con penetración se sigue pudiendo llevar a cabo otras prácticas sexuales, siempre y cuando estas generen lo que tiene que generar cualquier relación sexual, placer.

Aún no he respondido a la pregunta que da nombre a este artículo, voy. Cuando una persona acude a terapia sexológica lo suele hacer porque hay partes de la relación sexual que no le resultan agradables o no las experimenta con la misma satisfacción que le ha generado siempre. Es habitual que esto vaya acompañado de una sensación de tensión o nerviosismo en torno a ciertas prácticas sexuales más concretas, exacto, la penetración. Los motivos por los que se puede producir esta tensión/nervios pueden ser enormemente variados y es tarea del especialista evaluar qué es lo que ha ocurrido para buscar qué solución poder aplicar.

Los nervios o la ansiedad no son muy buenos amigos de la excitación sexual, de hecho, son un excelente veneno para esta. Son reacciones completamente antagónicas. Evolutivamente esto tiene mucho sentido ya que seguimos reaccionando como reaccionaban nuestros antepasados a situaciones potencialmente amenazantes. Si por ejemplo aparecía un depredador del que tuvieran que huir tener la sangre concentrada en los órganos sexuales no parece lo más práctico del mundo. Por eso ante una situación que genere nervios automáticamente tensionamos los músculos, la sangre se redistribuye a otros puntos del organismo como puede ser la musculatura de brazos o piernas y además focalizamos la atención en aquello que genera ansiedad. Como puedes ver, quizás este no sea el mejor estado para intentar tener una relación sexual y mucho menos intentar la penetración, lo que salga de ahí va a distar mucho de ser placentero a las partes involucradas.

De hecho, lo que va a ocurrir es que precisamente si se intenta bajo estas circunstancias, nervios, ansiedad, el intento salga mal y eso acaba generando frustración y posiblemente más ansiedad. ¿intentarías apagar un fuego con gasolina? No, pues en ese caso no intentes ninguna práctica sexual con penetración si se ha pautado, ya que si te genera a ti o a tu pareja nervios, ansiedad o inseguridad, lo más probable es que no lo consigas y en el caso que lo consigas es muy posible que de agradable haya tenido más bien poco. Espera a seguir las pautas del profesional y comprobarás como la cosa va cambiando.

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