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Si no me apetece tener sexo con mi pareja… ¿significa que no me atrae?

Si pensamos en películas como 50 sombras de Grey o series como Élite o Sexo en Nueva York (o prácticamente cualquiera en la que haya escenas eróticas), vemos escenas de sexo en las que aparecen unas ganas repentinas, intensas y que aparecen al mismo tiempo en ambas partes de la pareja (o en las más de dos personas implicadas). Además, estos encuentros ocurren con bastante frecuencia a lo largo de toda la relación y son siempre (o la gran mayoría) muy satisfactorios.

Cuando llevamos estas situaciones al mundo real, lo que aparece es: la culpa porque no nos apetece siempre que nuestra pareja nos lo propone o por no mantener una frecuencia concreta de sexo a la semana, la preocupación porque no disfruto de los encuentros eróticos, la incertidumbre porque no sé si ya no me atrae esa persona o si hay algo malo en mí, etc.

Todos estos sentimientos y pensamientos son normales teniendo en cuenta la sociedad en la que nos encontramos y las presiones en cuanto a la erótica que tenemos hombres y mujeres como consecuencia de la socialización de género (para más información sobre la socialización de género y los mitos del amor romántico: https://www.itacopsicologos.es/que-son-los-mitos-del-amor-romantico/).

El deseo erótico es subjetivo de cada persona y difícil de definir, pero atendiendo a un análisis de la función que cumple, podemos considerarlo como una motivación que nos impulsa a repetir aquellas prácticas o situaciones que han resultado satisfactorias o placenteras (o que anticipas que así va a ser). Además, no es que se tenga deseo o no se tenga, sino que podríamos hablar de que habrá momentos en los que el deseo es más espontáneo y otros en los que es más receptivo (en respuesta a una estimulación excitante). Por lo tanto, teniendo estos aspectos en cuenta, podemos observar cómo (spoiler) el deseo es único en cada persona y según el contexto.

El deseo erótico no es sólo ganas de coito. Eliminemos esta visión coitocentrista donde el resto de las prácticas son consideradas previas al coito y secundarias (los mal llamados “preliminares”), aun cuando a veces nos generan incluso más placer que el propio coito. El deseo puede ser a tener caricias, besos, masajes, abrazos, etc. y podemos incluso quedarnos en ello y que sea igual de satisfactorio.

El deseo es variable entre personas y en distintos momentos de la misma persona. Cada persona tiene una historia de aprendizaje en cuanto a su sexualidad y es totalmente normal que cuando a mí me apetezca tener encuentros eróticos, las otras personas no se sientan igual, y viceversa.

No hay unos niveles objetivos para hablar de bajo o alto deseo. La insatisfacción respecto al deseo suele ocurrir cuando, dentro de una pareja, se establece una comparación en cuanto al número de encuentros que inicia cada parte. No obstante, dicha comparación en cuanto al número de veces no aparece cuando te autoestimulas de forma individual. Por tanto, hablamos de alto o bajo deseo cuando hay comparación con otra persona, pero no por sí solo.

El deseo depende de muchos factores, no sólo de si te atrae o no la otra persona. Nuestra historia de aprendizaje de la erótica hace que nos motive más tener un encuentro si se dan unas situaciones que otras, además de que habrá prácticas o estímulos que nos resulten más o menos placenteros que a otras personas.
En el deseo también nos afecta sufrir situaciones estresantes actuales, conflictos o insatisfacción con la pareja, el inadecuado descanso, algunos medicamentos o el consumo de drogas, pensamientos negativos frecuentes sobre la erótica, dificultades físicas, monotonía, etc.

No necesitas corresponder siempre sexualmente a tu pareja. No hay que aceptar ninguna práctica erótica que no se desee sólo por complacer a la otra persona o por cumplir con una frecuencia semanal de encuentros, lo que me lleva al siguiente punto:

No hay una frecuencia perfecta de encuentros eróticos en una pareja, esto no es un indicador de mejor relación. A lo largo de una relación de pareja, el contexto que está viviendo cada parte de la pareja puede afectar a que no haya tiempo o ganas de tener encuentros, y eso está bien, no por más sexo se tiene una mejor relación.

El deseo puede desaparecer aunque se haya iniciado un encuentro erótico con deseo. En cualquier momento del encuentro erótico, se puede dejar de tener deseo de continuar, aunque estés sintiendo placer, y eso está bien.

Tener con más frecuencia deseo no es mejor que tener menos (y viceversa). Tener más encuentros eróticos y deseo de iniciarlos con más frecuencia no es un indicador de mejor salud sexual, cada persona tiene sus ritmos según el contexto en el que se encuentra, y no hay mejores o peores.

Emily Nagoski en su obra Tal como eres habla del deseo como un mecanismo en el que hay un acelerador y un freno, como los de un coche. Por tanto, habrá personas con uno u otro más sensible según el contexto y no por esto es problemático, sino que nos hace ver la diversidad entre cada uno/a.

De forma individual, es importante reflexionar sobre el propio deseo y tener una visión más realista del mismo para conocernos y aceptarnos sin exigencias, además de permitirnos tener en cuenta qué cosas a nuestro alrededor pueden estar pisando nuestro acelerador y freno para conseguir una satisfacción con el propio nivel de deseo.
Si estás en una relación de pareja y los diferentes ritmos de deseo erótico están generando malestar, no es un problema que deba trabajar aquella persona con “menos deseo”, sino que es responsabilidad de ambas partes trabajarlo para llegar juntas a un ajuste con el que estén satisfechas (sin ser necesaria buscar la igualdad, sino la satisfacción), además de dar importancia a una buena comunicación en todo momento.

Borda, I. (2021). ¿Practicas buen sexo?. Cómo lograr una sexualidad feminista.
Jiménez, M. (2023). Contigo. Cómo tener una relación sana… sin mitos y con mimitos. Lunwerg.
Nagoski, E. (2021). Tal como eres. La sorprendente nueva ciencia que transformará tu vida sexual. Neo Person.
Ortega, M. y Santacruz, D. (2019). La consulta sexológica. Editorial Síntesis.

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