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Sexualidad en el posparto: ¿por qué siento menos deseo?

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Tanto el embarazo, como el parto, como el posparto son acontecimientos estrechamente relacionados con la sexualidad y, por lo tanto, las experiencias que hayamos vivido tendrán consecuencias sobre nuestro deseo posteriormente. La manera en la que las mujeres viven su sexualidad después del parto es enormemente diversa, y sea cual sea la experiencia de cada una, todas son válidas. Sin embargo, no es inusual que muchas acudan a consulta debido a que, después de ser madres, su interés por el sexo ha decaído.

Las razones detrás de esta disminución del deseo son tan numerosas como mujeres en el mundo. Algunas de ellas han vivido experiencias durante el parto muy desagradables o incluso violentas que han podido condicionar de forma fuertemente negativa determinadas prácticas sexuales, sensaciones o incluso partes de su cuerpo, dejando secuelas en muchos casos muy similares a las que experimentan víctimas de violencia sexual. Otras, aunque hayan tenido un parto respetuoso, debido a las propias características de este (dolor, cambios en el cuerpo y en los genitales, la exposición de la vulva y la vagina a observaciones y tactos de diferentes profesionales sanitarios…) generan ciertos miedos que más tarde surgen cuando practican o cuando anticipan un encuentro sexual.

  • Es frecuente que las mujeres reporten aprensión al dolor o a determinadas sensaciones que puedan aparecer durante el encuentro.
  • Temor a las complicaciones que se pueden generar por la presencia de sangrado e involución uterina.
  • Miedo a un nuevo embarazo.
  • Preocupación acerca de la posible incomodidad en las relaciones sexuales debido a episiotomías o desgarros perineales.
  • Rechazo hacia determinadas partes del cuerpo que han sufrido cambios.
  • Anticipación de que esas partes del cuerpo van a generar rechazo en la otra persona…

Todos estos miedos llevan a la persona a evitar el sexo para no entrar en contacto con todas las posibles consecuencias temidas que ha anticipado.

Pero, ¿qué ocurre si a pesar de no haber experimentado nada de lo descrito anteriormente mi deseo ha decaído?
¿Acaso soy un bicho raro?

La respuesta es que no. También hay una explicación para esos casos.

Antes de nada, ¿a qué nos referimos con bajo deseo?

En nuestra cultura, cuando las personas hablan de bajo deseo, suelen referirse a algo cuantitativo, es decir, a que existe una determinada cantidad de deseo normal (bien determinada por la sociedad, por mi pareja o por mis propios estándares en otros momentos de mi vida), y que, en comparación, mi deseo actual es alto o bajo, y, por lo tanto, un problema. En esta forma de entender el deseo estamos cayendo en tres errores:

  1. Lo que debe caracterizar el deseo no es la cantidad, sino la calidad.
  2. No hay una cantidad «normal» del deseo: este es diferente en cada persona, en cada pareja y no se mantiene estático a lo largo de nuestra vida, sino que fluctúa según nuestras circunstancias de forma natural.
  3. El deseo actual no se reduce a las ganas de tener encuentros eróticos donde haya coito. Puedo tener poco deseo para unas prácticas concretas, pero, en cambio, desear mucho otro tipo de prácticas (caricias, besos, masajes, desnudez, seducción…).

Antes de preguntarte cómo aumentar tu deseo debes pensar si realmente quieres aumentarlo, y en caso afirmativo, por qué. Es común que muchas veces esta necesidad de recuperar el interés por el sexo venga de tensiones en la pareja o de determinadas creencias y mitos que nos transmite la sociedad en torno a la maternidad, el amor o el sexo, como el pensar que la calidad de la relación con mi pareja depende de la cantidad de relaciones sexuales, o que, si en estas prácticas sexuales no se incluye la penetración o la genitalidad, estas no cuentan como encuentro erótica (a esto se le llama «coitocentrismo»). Es importante revisar estas creencias tanto a nivel individual como en pareja para que toda experiencia sexual nazca siempre y exclusivamente del deseo de todas las personas implicadas.

Pero supongamos que en tu caso ya te hiciste estas preguntas y llegaste a la conclusión de que te gustarí­a aumentar tu deseo. ¿Cómo podemos hacerlo?

La motivación y las oportunidades

El deseo no se genera de forma espontánea. El deseo es el resultado de desear, que es un comportamiento VOLUNTARIO, y que, como cualquier otro comportamiento, depende del contexto en el que nos encontremos. Así que para entender por qué el deseo fluctúa, antes tenemos que entender de forma muy general cómo funciona el comportamiento.

Imagina que todas las personas tuviésemos una pila para cada comportamiento que pudiéramos llevar a cabo (hablar, pensar, gritar, correr…, o también besar, desnudarse, tocar, lamer…). Para cada uno de estos comportamientos, la pila deberá estar llena hasta una medida mínima necesaria para que sea más probable que se emita (para algunos comportamientos será más y para otros menos, y esto es diferente para cada persona).

La pila de cada comportamiento la podemos llenar o vaciar si estamos en contacto con determinados factores de nuestro contexto. Habrá determinados factores que al presentarse aumentarán la batería de la pila acercándola a la medida mínima necesaria y, por lo tanto, harán que sea más probable que el comportamiento se ejecute. Y otros que, por el contrario, disminuirán la batería y harán menos probable que se emita el comportamiento. La razón por las que estas últimas dificultan que aparezca ese comportamiento es porque, por una parte, aumentan el coste de emitir el comportamiento, y la persona debe rellenarlo que quede de pila hasta el mínimo necesario con su propia energía. Y, por otro lado, también hacen menos apetecible la consecuencia de ponerlo en marcha, por lo que muchas veces a la persona no le compensa gastar su energía para llenar la pila.

Ahora bien, aunque la pila esté llena o incluso rebose del mínimo necesario, este comportamiento no se realizará si no se presenta el indicador adecuado. Estos indicadores son señales muy concretas que pueden provenir del entorno o de la persona y que nos indican que, si en ese momento ponemos en marcha ese comportamiento, vamos a obtener una determinada consecuencia. Serían algo parecido a unas señales que nos dan la luz verde para emitir el comportamiento.

¿Y qué tiene que ver esto con tus ganas de tener relaciones sexuales?

Como el deseo es el resultado de desear, para poder llevar a cabo todos los comportamientos de desear, las pilas de estos deben estar llenas y además deben presentarse las “luces verdes” necesarias.

Con la maternidad nuestro contexto cambia enormemente. El posparto es una experiencia que necesitaría de un tiempo largo de descanso y recuperación, pero la realidad es que los cuidados hacia el bebé no se pueden posponer (lactancia diurna y nocturna, atender al bebé cuando llora, visitas médicas…). De estas tareas de cuidados, la mayoría recaen sobre la mujer (no porque solo ella pueda ocuparse, sino porque son comportamientos que socialmente se esperan y se fomentan más en mujeres que en hombres). Además de la carga de los cuidados, se añade la carga de las tareas domésticas (que también recae fundamentalmente sobre las mujeres). Y más adelante la carga laboral cuando la mujer se reincorpora al trabajo (sin abandonar las tareas de crianza y domésticas, por supuesto). Es inevitable que la mujer en esta etapa se encuentre enormemente cansada y estresada, lo que son dos “agujeros” en la pila determinantes. Y por si esto solamente no dejase la pila a cero de batería, también entran en juego factores hormonales, como el aumento de prolactina, una hormona imprescindible para la lactancia, pero que inhibe el deseo sexual y favorece la sequedad vaginal, ya que hace descender los niveles de estrógenos y progesterona, las principales hormonas sexuales en las mujeres.

Por otra parte, la carga de cuidados que trae consigo la crianza también hace que disminuyan estos indicadores de “oportunidad para hacer actividades en pareja”. Al haber menos momentos libres disponibles, disminuyen muchas prácticas en la pareja en general, no solo en el ámbito sexual (ocio, conversaciones, caricias, miradas, abrazos…). Por lo tanto, si no hay tiempo casi ni para mirarse a los ojos, ¿cómo lo va a haber para tener relaciones sexuales? (además, de una forma muy concreta que suele requerir de más tiempo y energía, como es el coito).

Si se quiere entrenar en aumentar el deseo, hay que ajustar las expectativas a las nuevas condiciones de vida que trae la maternidad y la paternidad. Si deseas aumentar tus encuentros sexuales, puede ser muy recomendable tratar de descubrir nuevas formas de buscar intimidad más allá del coito que requieran de menos tiempo y menos coste de respuesta. El sexo también pueden ser caricias, besos, desnudarse, darse un baño, los masajes, seducirse… (*) Todas estas prácticas no solo ayudarán a que poco a poco se reavive el deseo, sino que además podrás descubrir nuevas formas de estimulación que enriquecerán tu sexualidad contigo misma y con tu pareja. También es necesario disminuir factores que disminuyen la batería de nuestras pilas, por eso un reparto equitativo de las tareas y los cuidados es fundamental.

*¡Advertencia!: Que esas nuevas prácticas no signifiquen un preámbulo al coito, porque entonces, cuando se presenten, anticiparemos que más tarde habrá relaciones de penetración que no deseamos, y, por lo tanto, las terminaremos evitando (disminuyendo aún más esos pocos estímulos discriminativos disponibles). 

Al plantearse este bajo deseo como algo problemático socialmente, esto, en ocasiones, lleva a la persona a tratar de solucionarlo cuanto antes para evitar males mayores. Y muchas veces en este intento por arreglarlo, la persona se fuerza a tener encuentros sexuales para recuperar este deseo.

Como hemos visto, esto no necesariamente es algo desacertado (el deseo es el resultado de desear), sino que el problema viene cuando estos encuentros se basan en realizar determinadas prácticas muy concretas (aquellas que implican a los genitales, y más en concreto penetración) que se presuponen que van a ser muy satisfactorias, o bien porque en un pasado lo fueron o bien porque son las que socialmente se venden como excitantes. Si al llevarlas a cabo estas no resultan satisfactorias y no introducimos otras prácticas que sí lo sean, los encuentros eróticos dejan de ser placenteros y, por lo tanto, los comportamientos de iniciar estos encuentros se DISMINUYEN, ya que no se obtienen consecuencias deseables de intentarlo. También puede ocurrir que estas prácticas no solo no nos resulten agradables, sino que nos generen molestias o incomodidades debido a que, por la falta de excitación, el cuerpo no esté preparado. En ese caso, estos intentos también van a desaparecer porque el dolor o el desagrado está CASTIGANDO estos comportamientos.

En definitiva, debido a que las personas tendemos a abandonar aquellas actividades que no nos resultan gratificantes o que nos generan molestia o incomodidad, lo que en un inicio fue un intento de solución, al final se convierte en parte del problema.

Conclusiones

  1. Es normal que la sexualidad cambie después del parto y que el foco se centre en el bebé y no en la pareja. Permítete transitar esta nueva etapa de tu sexualidad con libertad y disfruta de ello.
  2. Respeta tus tiempos y ritmos. No te fuerces a tener relaciones sexuales ni prácticas que no quieras tener, porque eso acabará pasando factura a como vivas tu sexualidad con tu pareja y contigo misma.
  3. A la hora de tener sexo, primero, pregúntate si te apetece o no te apetece. Después, si te apetece, piensa en qué cosas te apetecen. Y ya por último se verá cuándo y cómo puede hacerse
    lo que te apetece.
  4. Que tu sexualidad vaya más allá del coito con tu pareja la hace más diversa y rica en experiencias y sensaciones, y, por lo tanto, mucho más disfrutable que si la encorsetas a lo establecido socialmente.

En definitiva, la maternidad puede ser una oportunidad perfecta para reinventar nuestra sexualidad y enriquecerla. Y siempre puedes contar con la ayuda de un profesional que te guíe en esta búsqueda de tu sexualidad deseada. Desde ITACO podemos acompañarte en este camino.

Escrito por: Lucía Muñoz

Bibliografía:

Ferre Garcés, S. (2021). Experiencias de las mujeres sobre la sexualidad en el postparto: Un estudio fenomenológico.
Froxán Parga, M. X. (Coord.). (2020). Análisis funcional de la conducta humana: concepto, metodología y aplicaciones. Pirámide.
Lachaise, N. (2020). Cuarentena postparto: en la sombra del puerperio.
Ortega, M., & Santacruz, D. (2019). Desajustes en el deseo erótico. En La consulta sexológica (p. 109-116). Síntesis.
Ros, A., & Roig, P. (Creadores). (2023, 15 de marzo). Elsexo después de ser madres (Núm. 4) [Episodio de pódcast de audio]. En Pódimo. https://share.podimo.com/s/uBGfH6lo

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