Seguro que ninguna de nosotras tiene que remontarse demasiado tiempo en el pasado para pensar la última vez que la llamaron “loca”, “histérica”, “exagerada”, “estrecha”… Tal vez unos meses, unas semanas. Mucho menos si hemos sido directas al comunicar algo en oposición a nuestro interlocutor, si hemos levantado la voz o nos hemos enfadado, si hemos dicho “no”, si hemos puesto límites, si hemos sido “promiscuas”, si hemos roto a llorar de frustración, si ocupamos puestos de poder, si, si… En definitiva, si nos hemos desviado, aunque sea unos milímetros, de aquello que se esperaba de nosotras en aquella situación.

metoo

Lauren Colin Mitchell

La conducta que se espera de nosotras normalmente es la de una persona sumisa, vulnerable y sensible, una persona cuidadora y abnegada, una persona entregada al amor romántico, una persona que no envejece, una persona relegada a los espacios privados de la casa (una “madre”) o los puestos de menos intelecto en el trabajo, entre otras cualidades.

La mala noticia es que este patrón de comportamiento forma parte de lo que el patriarcado nos ha ido inculcando desde que nacemos, de maneras más o menos sutiles, y sigue moldeando en cada una de nosotras día tras día. La buena noticia es que podemos desprendernos de esos comportamientos y encontrar nuevas formas de ser, estar, pensar, sentir… Aunque este camino no es fácil.

Semana tras semana, como psicólogas, nos encontramos numerosas mujeres que vienen a terapia por problemas relacionados con la ansiedad, tristeza, malestar con sus familias, sus parejas y/o su trabajo. También mujeres que no se sienten bien con su cuerpo o con su sexualidad. Mujeres que no quieren ser madres o que quieren serlo pero no saben cómo equilibrar su vida para poder tener tiempo para ellas mismas. Mujeres que no saben cómo poner límites, que les cuesta hablar en público o que se sienten egoístas al pensar en qué necesitan.

Un pilar principal en todas estas sesiones parte de hablar de dónde vienen estos problemas y el papel esencial que tiene el contexto en el que vivimos. Es a esto a lo que nos referimos cuando hablamos de una psicología feminista o con una perspectiva de género.

Ahora bien, esto no siempre ha sido así.

Mary Crawford y Rhoda Unger (2004), en su libro Mujeres y Género, explican cómo las teorías psicológicas y médicas se han apoyado en el punto de vista del hombre para determinar qué era saludable y qué era problemático. Esto favoreció que el comportamiento de las mujeres fuese patologizado y que aquellas que se saliesen de la norma de “cómo debe comportarse una mujer” fuesen consideradas como enfermas mentales.

Por otra parte, Phyllis Chesler (1975), en su libro Mujeres y Locura, hizo una crítica directa a los órganos que regulaban las investigaciones e intervenciones de salud psicológica y médica.

“Pedí a los miembros de la APA un millón de dólares en concepto de indemnización para aquellas mujeres que nunca había  recibido ayuda por parte de los profesionales de la salud mental, sino que, al contrario, habían sido maltratadas aún más: etiquetadas y castigadas, sedadas en exceso, seducidas sexualmente durante el tratamiento, hospitalizadas en contra de su voluntad, sometidas a terapia de choque, a lobotomías, y sobre todo, descritas gratuitamente como muy agresivas, promiscuas, depresivas, feas, viejas, enfadadas, gordas o locas.”

Es indudable que los tiempos han cambiado y siguen cambiando año tras año. Sin embargo, la presión del contexto patriarcal sigue pesando en las mujeres y favoreciendo que aparezcan muchos problemas psicológicos. Es aquí donde recae la importancia de una psicología feminista.

La psicología feminista es una psicología crítica con la estructura patriarcal y su influencia en la historia de aprendizaje de las mujeres, que busca ayudarlas a eliminar patrones de comportamiento dañinos para acercarlas a una nueva forma de relacionarse con el mundo, con las personas que les rodean y con ellas mismas.

Es partiendo de estos procesos de cambio desde donde las mujeres podemos desprendernos de los roles de género que nos aprietan y descubrir nuevas formas de ser, reconociendo poco a poco cuáles son nuestros deseos, derechos y necesidades.

A veces es difícil saber si es legítimo quejarme de algo que me duele, si merezco poner ciertos límites, si puede molestarme algo que siempre he pasado por alto. Es difícil decir que no, alzar la voz, no estar perfecta ni tener todo bajo control, no pensar primero en los demás. También lo es saber qué rumbo quiero dar a mi vida más allá de lo socialmente establecido y escuchar qué quiero y necesito yo.

Desde ÍTACO abrimos la pregunta a todas esas dudas y la puerta a descubrirlas juntas.

Seguimos trabajando para crear una psicología con perspectiva feminista.

Gracias por tu apoyo.

Te esperamos.

Bea Vaquero

Abrir el chat
¿Hablamos?