El poder del lenguaje en nuestro estado de ánimo

por Abr 2, 2019Blog0 Comentarios

Una de las características definitorias y diferenciales del ser humano en comparación con el resto de especies es el lenguaje. Según la RAE, el lenguaje se refiere a “la facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado de otros sistemas de signos”. Sin embargo, uno de los matices que no están presentes en esta definición tiene que ver con que usamos constantemente el lenguaje para comunicarnos con nosotros mismos. Cuando pensamos, estamos elaborando infinidad de mensajes en los que emisor y receptor comparten espacio, tiempo y cuerpo.

Una de las funciones principales del lenguaje consiste en expresar o valorar lo que nos ocurre en nuestro día a día, lo que pensamos de los que nos rodean o de nosotros mismos.

Pero… ¿Cómo adquirimos los distintos significados?

Desde la ciencia sabemos que las asociaciones entre un evento, las emociones que elicita y el significante son las responsable de que vayamos construyendo el lenguaje y con él, vayamos adquiriendo distintos significados. Es por ello que cada idioma o incluso cada modismo del lenguaje comprenden matices muy particulares que sólo se pueden dominar mediante entrenamiento estando en presencia de dichas asociaciones. Es decir, resulta más fácil aprender dicho idioma en el país de origen debido a la inmersión total que implica estar en el contexto natural en el que se dan esas asociaciones.

¿Por qué a veces nos sentimos mal cuando hablamos con nosotros mismos?

En la infinidad de discursos que construimos cada día descansan una serie de emociones por cada evento recordado, futuro anticipado o descripción de algún elemento de la realidad. La primera implicación que se deriva de lo anterior es que dependiendo de las asociaciones que hayamos ido generando en el pasado y las que vamos creando nos sentiremos de una manera o de otra trayendo al presente un tipo de emociones u otras.
Por ejemplo, si mientras estoy esperando el metro de camino a una  entrevista de trabajo pienso que soy una fracasada porque no me llamaron de la anterior y sigo elaborando dicho mensaje, traeré al presente una serie de emociones negativas que influirán en la consecución de la entrevista de hoy, confirmando la hipótesis catastrofista que había generado minutos antes pero… ¿Qué ha sido responsable de fallar en dicha entrevista: que soy una fracasada o la descripción de mis capacidades que ha influido en la consecución?

Como en la mayoría de fenómenos psicológicos, habría que hacer un análisis detallado de la situación concreta para identificar en qué medida ha influido cada factor, sin embargo, lo que sí sabemos es que con independencia de la situación objetiva, nuestra subjetividad construyendo el lenguaje tiene un gran poder sobre cómo nos sentimos e incluso sobre los resultados que obtenemos.

La queja: el espejismo del desahogo

En el frenético mundo en el que vivimos, es complicado estar completamente satisfechos y felices constantemente. Además, a nivel psicológico no sería deseable puesto que las emociones negativas, aunque resulten tan desagradables cuando se experimentan, también cumplen múltiples funciones imprescindibles para conformarnos como seres humanos. Por ello, y como seres sociales que somos, tendemos a desahogarnos con nuestras personas más cercanas sobre los acontecimientos negativos que nos acaecen a lo largo del día: “no soporto a mi compañero, es una persona desagradable”; “estoy agotada… no sé cuánto más podré soportar este ritmo de vida”; “odio la M-30, es imposible llegar un maldito día a tiempo”.

La queja, como infinidad de fenómenos psicológicos, también presenta una función clara a corto plazo: la reducción parcial del malestar mediante el desahogo y el bienestar que se siente cuando el otro nos comprende. Sin embargo, traer al presente ciertos eventos con la carga emocional con la que solemos quejarnos implica experimentar infinidad de emociones negativas que se van enlazando y acrecentando según elaboramos el mensaje o incluso mientras el receptor de la crítica añade carga emocional expresando su propio punto de vista.

¿Por qué me siento mal si hago todo lo posible por sentirme bien?

Uno de los motivos más comunes por los que algunas personas acuden a un especialista resulta de un sentimiento inespecífico de malestar del que no pueden identificar su origen. Estas personas relatan estar satisfechas en las distintas áreas de su vida y además, al no poder identificar los motivos de su malestar, tienden a sentirse culpables por dicho sentimiento, agravando más aún el problema. Cuando los profesionales profundizamos en la evaluación de problemáticas como estas, en muchas ocasiones identificamos que lo que está haciendo experimentar tanto sufrimiento a estas personas no es lo que les rodea sino cómo se cuentan o cómo describen su día a día, su pasado e incluso su futuro más próximo. Por ello, la intervención pasará por ir desmontando dicho discurso para sustituirlo por uno más adaptado y que genere emociones más neutras inicialmente y más positivas en momentos posteriores de la terapia.

Aprendiendo una nueva forma de comunicarnos

Como cualquier habilidad susceptible de entrenamiento, el lenguaje también se aprende. No sólo podemos aprender a usarlo como medio de comunicación sino que, teniendo en cuenta las consecuencias señaladas que derivan de su uso, podemos aprender a usarlo de una manera más ajustada favoreciendo nuestro bienestar. El formato frenético en el que se presentan los pensamientos puede llevarnos a concluir que es un fenómeno del que no tenemos control en absoluto. Sin embargo, y aunque inicialmente resulte contra-intuitivo, podemos modificar nuestro discurso interno para que éste actúe en nuestro favor, cambiando primero lo que nos decimos para después traer al presente emociones más neutras o incluso positivas.

¿Cómo me comunico? La identificación como primer paso para el cambio.

Si queréis comprobar la influencia que tiene el lenguaje en vuestro estado de ánimo os propongo ciertos ejercicios que podéis hacer en un mismo día.

  • Trata de identificar en qué términos hablas contigo mismo contándote las cosas que van ocurriendo o las que vas anticipando. ¿Utilizas términos como “siempre”; “nunca”; “nada”; “todo”…? En ese caso puede que estés cometiendo un error de sobre generalización aumentando la gravedad de las diferentes situaciones mediante tu discurso interno.
  • Cuando te encuentres ante una situación que te hace experimentar malestar (ejemplos: has perdido el metro, has discutido con alguien, no has obtenido los resultados que esperabas…), piensa en cuántas veces estás trayendo al presente dicha situación contigo mismo y/o desahogándote con las personas que tienes a tu alrededor. El hecho de repetir o de seguir describiendo cierto evento implicará experimentar un malestar mayor tanto en cuanto a cómo vives dicho recuerdo o anticipación y hará que vuelvas a enfrentarte al resto de retos de tu día a día con una actitud y estado de ánimo poco efectivos y que te harán experimentar malestar.
  • Piensa en las personas con las que prefieres estar cuando tienes un mal día ¿Qué tienen en común? ¿Se caracterizan por estar constantemente hablando de cosas negativas sobre su día a día? Probablemente no. Este es precisamente el motivo por el que resulta tan reconfortante su compañía: redirigen tu atención y traen al presente emociones positivas que a su vez generan una atmósfera perfecta para afrontar las cosas de otra manera. Con nuestro cambio de lenguaje, podremos conseguir el mismo efecto que se deriva de estar con dichas personas: describirnos una realidad más ajustada que sirva como punto de partida para enfrentar el día con otra actitud.

No estamos solos, nos tenemos… ¡A nosotros mismos!

La buena noticia de todo lo anterior es que el lenguaje es moldeable. Es decir, si le dedicamos un esfuerzo y conocemos las técnicas adecuadas para ello, podemos modificar la forma en la que hablamos con nosotros mismos y modular el grado de queja con el fin de aumentar nuestro bienestar. Si identificas tras los ejercicios propuestos que el lenguaje que estás utilizando para comunicarte está influyendo de manera decisiva en tu estado de ánimo, intenta ajustar la forma en la que te comunicas contigo mismo o con el resto utilizando descripciones más cercanas a la realidad. Ser conscientes de los factores que influyen en nuestro estado anímico es el primer paso para el camino del bienestar.

Escrito por Carolina Trujillo