¿Ya has cumplido alguno de los propósitos del 2018?

¿Ya has cumplido alguno de los propósitos del 2018?

3 julio, 2018 by Concha Serrador0
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A principios de año solemos marcar muchos propósitos de año nuevo, “voy a empezar a ir al gimnasio”, “voy a dejar de comer carne”, “este año aprenderé inglés”, “este lunes dejaré de fumar”… sin embargo, a pesar de las ganas de conseguir estos propósitos, conforme los meses pasan se dificulta cada vez más realizar todo lo que nos habíamos propuesto. Muchas veces nos mentimos a nosotros mismos diciendo muchas cosas que posiblemente luego no realicemos, y otras tantas veces mentimos a otros prometiendo que haremos infinidad de actos que posteriormente nunca llegamos a realizar. ¿Por qué no somos correspondientes entre nuestras palabras y nuestras acciones?, ¿por qué decimos tantas y tantas veces que este año sí, que este lunes sí, o que esta vez sí lo vamos a conseguir y después nada sucede?

En ocasiones, lo que nos hace no conseguir estos objetivos es la sensación de fracaso de haberlo intentado en momentos anteriores y no haberlo conseguido. Otras veces, se ponen por delante motivos económicos que dificultan la consecución de los objetivos marcados, y también hay ocasiones en las que un mal cálculo del trabajo para este año no te brinda el tiempo que habías pensado para realizar estas actividades.

La forma en la que nos decimos las cosas, en la que proponemos todas estas metas a cumplir, afecta a la realización de estas. Al proponernos esta infinidad de acciones a cambiar, estamos cometiendo errores que serán los causantes de que no cumplamos con nuestros objetivos que con tanto ímpetu habíamos marcado a principios de año.

A lo largo de este post se identificarán algunos de los errores cometidos al ponernos un objetivo a cumplir, y cómo podemos cambiarlo para tener más éxito y  llegar a cumplir todos los propósitos que nos marcamos a principios de año.

Algunos de estos errores son:

  1. Marcar objetivos inalcanzables.

Es normal que cuando nos proponemos cambiar algo en nuestra vida imaginemos el objetivo final del largo camino de cambios, nos imaginamos cómo sería nuestra vida con un cuerpo mucho más fit, nos imaginamos con el bienestar de no consumir ningún producto animal, o manteniendo una conversación en inglés sin ningún tipo de problema. Sin embargo, marcar objetivos a largo plazo dificulta que veamos el progreso; si la meta final está muy alejada de nuestro comportamiento actual será más costoso conseguirlo y es más probable que lo abandonemos antes de conseguir la meta deseada.

Una mejor opción es ajustar los objetivos, estableciéndolos por meses o en tiempos cercanos al momento actual. Y considerando cambios paulatinos en el comportamiento para que podamos incorporarlos con mayor facilidad a nuestro día a día. Por ejemplo, un objetivo alcanzable sería ir uno o dos días a la semana a clases de inglés, comenzar por elegir opciones veganas en todas las comidas o cenas…

  1. Metas lejanas en el tiempo.

Normalmente cuando marcamos un objetivo se lo decimos a alguien, a nosotros mismos o incluso lo escribimos en nuestra agenda. Y los objetivos que escribimos o que nos decimos suelen empezar el lunes de la semana siguiente, o el día 1 del siguiente mes, o del siguiente año. Pero esto puede ser el error causante del fracaso de nuestras promesas, ya que algo que afecta a conseguir el plan propuesto es la contigüidad temporal entre que decimos algo y que, posteriormente, lo hacemos.

La conducta verbal de proponer algo tiene mayor eficacia, y por consiguiente, más éxito de logro, cuando es cercana temporalmente al acto que vamos a realizar. Decir un domingo que el lunes vamos a empezar las clases de inglés tiene mayor posibilidad de éxito- de que sí lo realicemos-, que si ese mismo domingo decimos que empezaremos las clases de inglés el día 1 del próximo mes.

Cuando nos ponemos una meta hay que ajustar el tiempo y tratar de decirlo, escribirlo o contarlo con una distancia temporal cercana al momento en el que lo vamos a realizar.

  1. Utilizar frases positivas para proponernos algo.

Es usual que cuando nos marcamos una meta lo hagamos usando frases que hemos leído que sirven para motivarnos, sin embargo, ésta a veces no es la forma que garantiza que vayamos a ser congruentes con nuestras palabras. Quizás estamos usando frases como “tú puedes con todo” o “si quieres puedes” pero este tipo de frases no siempre produce un cambio en nosotros, ni el cambio necesario para la consecución de la meta propuesta.

Cuando nos marcamos una meta, y lo hacemos verbalizando esta, tenemos que pensar en qué palabras nos resultan útiles para ello. Si utilizamos palabras clave -que evoquen en nuestra imaginación cómo nos vamos a ver en el futuro si realizamos esos cambios– será más probable que estas sirvan para que realmente hagamos lo que nos habíamos propuesto en un principio. Por ejemplo, si nuestro objetivo es dejar de comer productos animales, decirnos una palabra que nos haga recordar la película Okja tendrá mayor eficacia que decirnos otro mensaje que no esté asociado a ninguna emoción.

  1. Guardar el secreto.

Es normal que cuando estamos haciendo cambios en nuestra vida queramos mantener el secreto y no contárselo a nadie, o contarlo sólo a nuestro círculo más íntimo. Sin embargo, este es un error cuando hablamos de cambios en nuestra rutina.  Al hacer partícipe a la gente de tu alrededor de los nuevos cambios que vas a incorporar habrá más presión para que des pequeños pasos hacia tu meta final. Esta presión no hay que verla como algo negativo, sino como un apoyo de tu entorno y una forma de facilitar tu camino hacia el objetivo final. Cuanta más gente esté implicada más fuerza tendrás para realizar el cambio, asimismo, también tendrás más formas de evaluar tu avance y de corroborar si este se está produciendo.

  1. No celebrar los avances.

Los propósitos que queremos conseguir normalmente son un gran cambio en nuestra vida, y por ello son cambios que van a conllevar mucho esfuerzo y mucho tiempo. Pero, el tiempo en el que llegamos a ver que el cambio tiene efectos en nuestra vida a veces se hace eterno, por ejemplo no notamos nada en nuestro cuerpo aunque estemos yendo al gimnasio durante un mes, a la semana de dejar de comer carne o de dejar de fumar. Es por ello que marcando objetivos a corto plazo, aunado a que sean objetivos alcanzables, hará que no nos desanimemos en nuestra persecución de la meta final.

Si nuestra meta final es, por ejemplo, hablar inglés a nivel bilingüe, esa meta es algo que es difícil de conseguir en unos meses, o incluso un año. Por ello, aunque nuestra meta final sea ser bilingüe, tenemos que ir celebrando los pasos que damos hacia ese objetivo. Por ejemplo, recompensarnos yendo al cine o a cenar si vamos a clase de inglés 6 veces este mes, o comiéndonos un postre en nuestro restaurante favorito si hemos ido al gimnasio todos los días de la semana.

Publicado por Concha Serrador


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