Cuando no sé quién soy

por Oct 27, 2022Blog0 Comentarios

Encontrarnos con incertidumbre nos deja muchas veces paralizadas. Hemos crecido bajo un camino marcado, una ruta a seguir que tiene diferentes paradas.

Estudia, trabaja, cómprate una casa, forma una familia, asciende, apúntate a deporte, deja tiempo para tu familia y tus amigos.

Aquellos que fuimos criados bajo las expectativas de una familia que no tuvo nada y a la que le brillan los ojos porque nosotras sí que podamos alcanzarlo. Y nosotras podemos habernos dejado la vida en intentar cumplir con lo esperado. Algunas trabajan mientras estudian para poder pagar las cuotas de la universidad. Otros dedican los veranos a buscar un trabajo y ven a sus amigos cuatro ratos. Algunas nunca dicen que no cuando surge una oportunidad, aunque implique trabajar el fin de semana.

A veces, y solo a veces, ese esfuerzo te lleva al lugar laboral o personal que esperabas. Y de repente, te das cuenta de que lo que deseabas con 17 años no es lo que ahora mismo buscas. Quizás esperabas comerte el mundo y ahora solo quieres vivir tranquila. O que el deseo ajeno nunca fue propio.

La falacia del tiempo invertido hace presencia.

Esta falacia consiste en todos nuestros comportamientos, pensamientos y emociones que influyen en mantenernos en una situación solamente por la gran cantidad de recursos que hemos invertido. ¿Cómo voy a terminar esta relación después de todas las conversaciones e intentos de que esto funcione?  ¿Cómo voy a dejar este trabajo si llevo siete años formándome para ello?

Ese momento, puede ser tremendamente doloroso. Levantarte y no saber hacia donde dirigirte conlleva un vacío inmenso.

Sin embargo, a veces toca sentarnos con nosotras mismas y pararnos a ver qué necesitamos. Quizás necesitamos hacer una renuncia al presente y construir otro alternativo. Esto puede hacernos sentir que hemos fracasado. Pero escucharnos y decidir iniciar otro camino nunca es un fracaso. Ponernos en contacto con nuestras necesidades y decidir ponerlas en tareas prioritarias es decirnos SÍ a nosotras mismas. Es más autocuidado que cualquier mascarilla de pepino.

Ese dolor y vacío que sentimos puede funcionar como una señal de STOP. Nos está diciendo que tenemos que pararnos a saber dónde no queremos estar y recordarnos que tenemos que cambiar de dirección.

Foto de Javier Allegue Barros en Unsplash

señal direccion

El siguiente paso es averiguar hacia dónde me quiero dirigir. Probablemente haya una lista inmensa de caminos. Tomar decisiones es abrumador y con decisiones vitales todavía más. Siento decirte que no habrá una decisión perfecta, infórmate, averigua los siguientes pasos y llegado el momento, lánzate.

Reapropiarnos de nuestro camino (dentro de lo que el contexto nos deje) puede ser tremendamente liberador.

Os dejo este fragmento de la canción Bienvenidos al show de Amaia, que ilustra parte de lo comentado:

“Ya no soy pequeña, tampoco soy mayor

Quiero ser lo que se espera de mí

Y seguir siendo yo a la vez

(…)

Fue una pesadilla
Pero ahora me abrazo a ese dolor
Que a veces lo bello
Aparece cuando ya no sé quién soy”

Amaia – Bienvenidos al show

https://www.youtube.com/watch?v=DfhjLszBll8

 

Vamos a ver un ejemplo concreto para intentar ilustrar cómo llevar a cabo este proceso:

¿Cómo saber qué vida quiero llevar?

Busquemos aquello que es significativo para nosotros. Pongámonos en nuestros ideales y por un momento olvidémonos de todos los impedimentos que puede haber en medio. Redefinamos las reglas que la vida que quieres llevar. Imaginemos que tenemos una brújula y queremos saber las coordenadas hacia las que movernos. Pongamos que yo valoro “encontrar un trabajo que me permita tener tiempo libre”. Entonces tenemos que pensar en qué acciones me acercan hacia este ideal y que cosas me alejan.

 

Foto de Aaron Burden en Unsplash

brujula

¿Cómo ponerme en marcha?

Una vez que lo has decidido, toca empezar a poner en marcha el plan. Lo primero, es normal que estés asustada, pero no nos quedemos ahí. No nos quedemos en rumiar una y otra vez las dificultades, lo malo que podría ser y los mil caminos alternativos que nos pueden agobiar. Si empezamos a pensar en todo lo malo que se vendrá nos sentiremos profundamente mal y probablemente paralizaremos el cambio.

¡Cuidado! No significa no valorar las dificultades y cómo solventarlas o aceptarlas. Sin embargo, rumiar puede ser una manera de no asumir las riendas del cambio y quedarnos en la queja continua.

Empieza a diseñar el objetivo en pequeños pasos. Antes que anticipar los siguientes, concéntrate en el primero y en el tachando sus subobjetivos. Aquí os planteo un ejemplo.

  • Buscar alternativas laborales.
  • Revisar en Linkedin en qué está trabajando otra gente con mis estudios.
  • Contactar con una persona que se dedique a la orientación profesional.
  • Hablar con amigas de amigas para que me comenten su experiencia en diferentes sectores.
  • Revisar cursos de especialización en otros sectores.

Una vez que he visto este primer paso obtendrás nueva información que te permitirá ir dilucidando el siguiente paso. Por ejemplo, puede que hayas ido clarificando las opciones que tienes:

  • Cambiarme de sector “hacerme un bootcamp de programación informática”
  • Comenzar unas oposiciones.

Si ya estamos entre dos opciones, empecemos a plantearnos los pros y los contras, pero cuidado con hacer de esto algo eterno. Valoremos los que mayor valor tienen, no hagamos listados y listados. Si tienes muchísimas dudas quizás es que la decisión no sea tan clara, y tengas que asumir cierto grado de incomodidad con la decisión. Pero lo importante es que, con la decisión que tomes, te comprometas a que sea una buena decisión. ¿A qué me refiero? A que después de tomar la decisión no empecemos a pensar constantemente en que: para qué hago esto, seguro que la otra opción era mejor….

Centrémonos en que, si he decidido opositar, busque una academia que me sea útil, en generar una rutina de estudio sostenible, en mantener mi tiempo de ocio, en anticipar las consecuencias positivas futuras de mi decisión, etc.

Esto es un post con pautas generales, si consideras que tienes dificultades en empezar a tomar decisiones y dilucidar qué es aquello que quieres, puedes acudir a un profesional para que te acompañe en este camino.