Cómo recibir bien el 2019

por Dic 28, 2018Blog0 Comentarios

Acabamos de dejar atrás la Navidad y nos encaminamos hacia otra de las fechas señaladas en el calendario: el Año Nuevo. Para muchas personas este momento constituye un punto de inflexión natural, una oportunidad para la reflexión y el establecimiento de nuevos objetivos. Por ello, en esta entrada navideña comentaremos algunas cuestiones en torno al cambio de año y plantearemos breves consejos para vivirlo del mejor modo posible.

La importancia del relato

Aspectos tan esenciales como nuestra identidad, las creencias que albergamos sobre el mundo o cómo anticipamos el futuro descansan en narracionesconjuntos de historias que generamos para contarnos las cosas que hemos vivido. Lo hacemos de modo espontáneo: qué ocurrió, por qué, cómo. Y, aunque tendamos a considerar que esas narraciones son realistas, dependen estrechamente de la subjetividad de cada persona, de su filtro personal. Podríamos decir, metafóricamente, que las narraciones son acumulativas: si he aprendido a contarme las cosas focalizándome en los aspectos negativos es más probable que viva las cosas de esa forma. Lo que, a su vez, me predispondrá a seguir generando una narración en la que lo negativo tenga un peso mayor.

Sin embargo, el modo en que nos contamos y, por tanto, vivimos los acontecimientos es algo que podemos transformar. Para ello es importante que prestemos atención a cómo estamos construyendo esa narración, cuestionándonos aspectos como ¿hay mayor presencia de elementos negativos? ¿Tengo la sensación de que las cosas, de manera general, me salen mal? ¿Qué papel tengo en los acontecimientos de mi vida? ¿Me comparo mucho con las otras personas en sentido negativo? Estas preguntas, entre otras, pueden ayudarnos a identificar qué características tiene nuestra forma de contarnos las cosas.

Una vez hecho este breve ejercicio de parar y reflexionar sobre ello, los siguientes consejos nos ayudarán a elaborar un relato más ajustado:

  • Reelaborar el relato en términos realistas: para ello nos será útil ceñirnos a los hechos objetivos: en ocasiones magnificamos, generalizamos y cometemos otros errores de enfoque sin darnos cuenta. Detenernos a considerar qué ocurrió exactamente facilitará que detectemos esas diferencias. También podemos pedir ayuda a otras personas -que nos cuenten cómo ven una situación desde su óptica nos permitirá conocer otras perspectivas y hará más probable que cambiemos la nuestra si no es del todo realista.
  • El control de los aspectos negativos: no obstante, en ocasiones contemplar la realidad de un modo objetivo no nos evita tener que afrontar realidades desagradables perfectamente reales. En este caso nos ayudará verlas en términos de control: qué puedo hacer para solucionarlas, qué puedo aprender de las situaciones negativas que he vivido.
  • Focalizar la atención en los aspectos positivos o neutros: tal vez nos hayamos enfrentado a alguna vivencia negativa sin solución o en la que no podíamos tener el control. Quizá hayamos vivido algo para lo cual no existe una explicación satisfactoria, un porqué tranquilizador. En estos casos, el mejor afrontamiento posible es aprender a enfocar nuestra atención en otras vivencias, evitando que esa situación acapare todos nuestros pensamientos generando dolorosas y estériles ideas circulares en torno a ella. No podemos no pensar algo, pero sí pensar en otra cosa. Podemos llevarnos la atención a situaciones más positivas o simplemente neutras que hayamos experimentado, dándoles también prioridad en el relato.
consejos para el año nuevo

Orientarnos hacia el futuro

Ahora que ya sabemos cómo contarnos mejor el año que se va, observemos el próximo. Las personas experimentamos un mejor estado de ánimo en el día a día cuando nuestros actos están enmarcados en una estructura de objetivos: cuando poseemos metas a corto, medio y largo plazo. En conjunto favorecen un afrontamiento más exitoso de la cotidianidad, permitiéndonos anticipar emociones positivas asociadas a logros tanto inmediatos como demorados en el tiempo.

Por ejemplo, durante la semana puede hacernos sentir mejor y ayudarnos a enfrentarnos a las actividades menos placenteras anticipar la consecución de objetivos cortos como tareas cotidianas, pequeños retos laborales o aprendizajes breves. En esta categoría podemos enmarcar también las actividades de ocio, cuyo potencial aumentará si las establecemos de forma estratégica: si sé que voy a tener una semana más dura, planearé algo muy placentero durante el fin de semana, a fin de que la anticipación, placentera, haga más llevadero ese lapso.

Se consideran objetivos a medio plazo aquellos cuya consecución, de media, podría llevarnos de algunos meses a un año. De nuevo, el éxito de su efecto está en la anticipación, aunque en este caso también aparecen otros factores, como las gratificaciones que podamos ir experimentando a medida que avanzamos en el logro.

En esta entrada podrás saber más sobre cómo alcanzar los objetivos una vez planteados

Los objetivos a largo plazo suponen logros que pueden implicar años, pero cuya anticipación, que puede producirse en forma de placenteros momentos de ensoñación, es fuente de emociones positivas. La combinación de los diferentes tipos de objetivos nos ayuda también a situarnos en nuestra vida y, a medida que avanzamos en su consecución, articula una narración positiva de lo que hemos conseguido y aún podríamos lograr.

como recibir bien el año nuevo

Relativizando las efemérides

Por último, conviene que reflexionemos sobre la relevancia concedida a la vivencia del Año Nuevo y cómo ello nos hace sentir. Del mismo modo que otros eventos navideños, el cambio de año es a menudo un momento de reunión social, de gran emocionalidad y, como hemos comentado al inicio de esta entrada, un momento que facilita la reflexión. Es posible que, por ello, suponga una potente fuente de emociones positivas al constituir una oportunidad para disfrutar el tiempo junto a personas que deseamos ver, para valorar los aspectos positivos del año que dejamos atrás o los aprendizajes adquiridos o para ilusionarnos anticipando nuevos retos.

Sin embargo, también puede convertirse en una vivencia desagradable si, por ejemplo, albergamos unas expectativas demasiado elevadas o específicas respecto a cómo debe desarrollarse el evento, si prestamos más atención a cómo otras personas lo estarán celebrando que a nuestro propio disfrute, si nos sentimos en la obligación de participar de actividades que, en realidad, no deseamos llevar a cabo o si llegamos al final del año sin ningún propósito nuevo.

Es en este caso cuando debemos recordar que, más allá de su carga simbólica establecida por convención social, el día de Año Nuevo es un día más. No somos diferentes el uno de enero de las personas que éramos días atrás. Nuestro potencial para la reflexión y el cambio también se mantiene intacto: el uno de enero es tan buena fecha para iniciar un cambio personal como el uno de abril; la fecha no tiene por qué determinar el establecimiento de nuevas metas si no consideramos que sea el momento adecuado.

Respecto a cómo lo vivamos, existen tantas formas de disfrutar del cambio de año como personas dispuestas a ello: alejándonos de tópicos sociales, recibir el 2019 en pijama viendo un capítulo de nuestra serie favorita, jugando con nuestros sobrinos o realizando cualquier otra actividad que disfrutemos es una forma perfectamente adecuada de pasar la última noche del año. Deseemos celebrar o no, alejar la presión por convertir esta fecha en algo especial hará que la enfoquemos de un modo más cómodo y agradable.

Escrito por Aitana Segovia.

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