¿Cerebros masculinos y cerebros femeninos? Neurosexismo y otras cerebrochorradas

por Feb 21, 2022Blog0 Comentarios

El Neurosexismo es definido por la autora Cordelia Fine como el uso de los principios de la neurociencia para justificar estereotipos y roles de género de una forma no sustentada científicamente.

Originalmente, fue la diferencia de tamaño y peso entre cerebros de hombres y mujeres uno de los principales argumentos que se utilizó para defender la superioridad intelectual del hombre frente a la mujer como algo esencialmente biológico. Posteriormente, se descartó que esas dos características guardasen relación con la inteligencia y el descubrimiento de la plasticidad neuronal marcó un hito a la hora de entender el cerebro como un órgano flexible y susceptible al cambio en función de nuestras experiencias en el entorno. Al igual que con cualquier otro órgano, dicho sea de paso. Por ejemplo, el deporte sobre nuestro corazón o la contaminación sobre nuestros pulmones y nos resultan obviedades. Pero el cerebro es la nueva forma que ha adoptado el dualismo cartesiano, pasando por el alma en su origen, cambiando a la mente y encontrando al cerebro como nuevo aliado con el auge de la Neurociencia.

 En los años 90, con el boom del estudio del cerebro a manos de la Neurociencia y sus técnicas de neuroimagen (más un sinfín de términos con el prefijo Neuro), se ha tratado de buscar en él explicaciones a muchas otras preguntas: desde por qué nos gusta el chocolate, por qué somos más de izquierdas o de derechas, hasta, como no de nuevo, ¿qué hace diferentes a hombres y mujeres? Siendo esta última pregunta o, parecidas, levadura para el sexismo.

 El resultado ha sido la publicación de innumerables artículos y libros que, supuestamente, aportan evidencias que explican tales diferencias hasta tal punto que hacen que podamos ser de planetas distintos. Algunos de los más conocidos son: “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, “¿por qué los hombres no escuchan y las mujeres no saben leer mapas?” o “¿por qué los hombres mienten y las mujeres lloran?” Obras que alimentan el mensaje predeterminista y reduccionista biológico y sirven para justificar y alimentar el machismo y sexismo tratando de otorgarle objetividad bajo el estatus de la ciencia. Es un intento más por sostener que, como estamos hablando de biología, el cambio no es posible. Pero la Psicología científica ya hace años que lo ha desmentido todo.

Es obvio que existen diferencias, pero hay que cuestionar la naturaleza de estas diferencias. Pretender reducirlo todo a biología es un problema porque esta ni se ha creado ni desarrollado en el vacío, sino siempre en un ambiente que ha sido determinante tanto a nivel filogenético como ontogenético. Si desde la infancia (incluso ya antes con el auge de las fiestas en las que se descubre el sexo del bebé) estamos expuestos a un contexto repleto de estereotipos de género (ropa, colores, juguetes, etc.) que nos moldean y modelan, obviamente va a repercutir en nuestro cerebro. De la misma manera que hacer deporte afecta a nuestro sistema respiratorio, pero no tendría mucho sentido buscar la causa de que practiquemos deporte exclusivamente en nuestros pulmones, ¿verdad?  

Además, pese a lo atractivas que puedan resultar las técnicas de neuroimagen con sus colorines, lo que hacen es relacionar (recordemos, correlación no implica causalidad) mediciones del flujo sanguíneo (PET y SPECT) o consumo de oxígeno y campos electromagnéticos (fMRI, MEG, etc.) con cualquier otra variable que se pretenda estudiar.

no sexism

Cuando hablamos de lesiones en el sistema nervioso, estas técnicas son muy útiles.  Pero no aportan nada al entendimiento de fenómenos tan complejos como los gustos, preferencias, actitudes o cualquier otro comportamiento en general.  Tan solo dan una falsa ilusión de estar observando un pensamiento, un prejuicio o un gusto en tiempo real. Pero ni son en tiempo real, ya que los cambios tardan en actualizarse segundos, ni permiten observar ningún pensamiento, tal y como dijo un neurólogo ruso: “he operado muchos cerebros inteligentes, pero nunca he visto un solo pensamiento”.

 Todo lo que involucre comportamiento psicológico se puede explicar sin la necesidad de recurrir a otros niveles de comportamiento más moleculares. Sería como decir que el agua es solo H2O, cuando en realidad es mucho más. El agua es H2O más una serie de condiciones ambientales que hacen que el agua sea agua y no otra cosa. Con el comportamiento psicológico sucede lo mismo: pensar, hablar, calcular, etc., no se pueden reducir a explicaciones de comportamiento biológico porque menosprecian que también se dan en un contexto. Además, siguiendo la jerarquía de organización de los comportamientos, podríamos seguir “bajando” y reduciéndolo a otro nivel más molecular, como el químico. Pero aún más, ya que los neurotransmisores están compuestos de átomos (nivel físico) y los átomos de partículas subatómicas. Igual que la Física no necesita a la Química para describir, explicar, predecir y controlar su objeto de estudio, ni la Química necesita a la Física, la Psicología no necesita a la Biología o a la Química para explicar el comportamiento. Pero que no la necesite no quiere decir que vaya a prescindir de ellas.

También mencionar que las investigaciones que buscan comportamientos en el cerebro incurren en la falacia mereológica o del homúnculo, que consiste en atribuir a las partes de un organismo lo que es atribuible al propio organismo. No es el cerebro quien piensa, razona, miente o calcula como su tuviese pequeños seres en él que lo permitiesen, somos nosotros. De igual forma que no son los pulmones quienes respiran o nuestro estómago quien come, somos nosotros.

 Otro hecho muy importante es conocer el fenómeno del archivador, el cual señala que solo se publican aquellas investigaciones que encuentran diferencias significativas entre sexos, mientras que los que no terminan en un archivador metafórico. Tal y como dijo Hines, “el sexo es algo que se evalúa muy fácilmente de forma rutinaria, pero no siempre se informa. Puesto que es mucho más interesante encontrar una diferencia que no encontrarla, las 19 veces que no se han observado diferencias no se mencionan, mientras que la única de las 20 que lo encuentra, se publica”.

 Por último, no me gustaría terminar sin abrir el melón de la objetividad en ciencia. Como en cualquier otra rama, la ciencia puede ser utilizada con fines ideológicos y económicos y la Neurociencia no es una excepción. Que la idea de ciencia implique objetividad, no quiere decir que las personas que la practiquen lo sean, aunque lo pretendan. Creer que no se tienen prejuicios o sesgos es, en sí mismo, el mayor sesgo o prejuicio. La ciencia la practican personas y las personas son hijas de su cultura, siendo esta predominantemente machista.

Escrito por Víctor de Olives