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TDAH: ¿Mi hijo es hiperactivo?

TDAH en niños

Es frecuente que acudan a terapia padres haciéndonos este tipo de preguntas: “¿Mi hijo tiene TDAH? ¿Es mi hijo hiperactivo? Es que se mueve mucho, no para quieto, no atiende…”.

El TDAH (o Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), es uno de los trastornos con mayor prevalencia en la infancia, pero poco se conoce sobre el sobre-diagnóstico que actualmente existe en población infantil y el empeño en considerar patológicas algunas conductas normales de la infancia.

En ocasiones nos llegan padres con niños menores de 7 años ya diagnosticados o etiquetados como “hiperactivos”, por unos síntomas que muchas veces no cumplen los criterios diagnósticos para este trastorno, o simplemente por tener un temperamento más “movido” que otros niños de su clase, pero que no les impide mantener la atención ante tareas que les son más atractivas.

Es contraproducente “etiquetar” a niños en edad preescolar como hiperactivos cuando están en una etapa en la que muchas de esas conductas pueden ser (o son) esperables o evolutivas, y no necesariamente consecuencia de la existencia de un trastorno. No podemos pretender que un niño/a de 4 o 5 años se mantenga sentado sin rechistar varias horas en clase, o que mantenga los mismos niveles de atención ante tareas que no le gustan tanto; así como no podemos pedirle a un adolescente que controle a la perfección sus impulsos. De ahí la importancia de un buen diagnóstico para no caer en etiquetas, que muchas veces promueven y refuerzan los comportamientos inadecuados del niño/a.

Mi hijo es hiperactivo

Citando a Marino Pérez, especialista en Psicología Clínica y Catedrático de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de Oviedo, y tal y como refleja en su libro “Volviendo a la normalidad”: “No existen pruebas clínicas ni de neuroimagen (como TC, RM, PET, etc.), ni neurofisiológicas (EEG, ERP) o test psicológicos que de forma específica sirvan para el diagnóstico. No hay ningún biomarcador que distinga a los niños TDAH. No se niega que tengan problemas, pero son niños, que tienen curiosidad y quieren atender a lo que sea, moverse… A sentarse es algo que hay que aprender. No existe ninguna alteración en el cerebro”.

Por otro lado, también tuvo una gran repercusión la noticia de que el propio “descubridor” del trastorno, el famoso psiquiatra estadounidense Leon Eisenberg, afirmó meses antes de su muerte que se trataba de “un ejemplo de enfermedad ficticia”, confesando que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de establecer las razones psicosociales que pueden provocar determinadas conductas, proceso que lleva mucho más tiempo que “prescribir una pastilla contra el TDAH”.

Dejando a un lado el debate acerca de la existencia de dicho trastorno, sí es una realidad que ciertas conductas disruptivas del niño (como la impulsividad motora o la falta de atención sostenida), al margen de etiquetarlas dentro de un trastorno específico, generan dificultades de adaptación en el entorno familiar, escolar o social que pueden mantenerse a lo largo del tiempo; así como dificultades de aprendizaje que pueden afectar a su posterior desarrollo psicológico.

Por ello, es necesario detectar dichas alteraciones conductuales y abordarlas en edades tempranas a través de tratamientos no farmacológicos, los cuales han demostrado evidencia científica de su eficacia, como son las intervenciones psicológicas y psicopedagógicas basadas en la Terapia de Conducta, aplicando técnicas de intervención como el entrenamiento para padres o el entrenamiento en habilidades sociales, entre otras.

También hay que tener en cuenta, el hecho de que nuestra sociedad actual pueda estar contribuyendo a generar una mayor disfuncionalidad del TDAH. Está demostrado que la existencia de mecanismos que ofrecen refuerzos externos inmediatos al niño (como los videojuegos, la televisión o internet), dificultan el entrenamiento de la atención sostenida, la cultura del esfuerzo, la demora de  recompensas, el empleo de estrategias reflexivas y el desarrollo de un autocontrol mental eficaz.

TDAH: ¿Mi hijo es hiperactivo?

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