91 5760087 Primera sesión informativa gratis ¡Llámanos! C/ Príncipe de Vergara 56, 1º 7 - Madrid
info@itacopsicologos.es

¿Cómo sé si tengo ansiedad?

1434891006013

Los trastornos de ansiedad son una de las problemáticas más frecuentes en nuestra sociedad hoy en día. Es frecuente que no sepamos identificar bien lo que nos ocurre, que simplemente notemos que nuestro cuerpo empieza a reaccionar de una manera extraña e incontrolable.

De repente comenzamos a notar que, ante ciertas situaciones externas, mi corazón empieza a dispararse, empiezo a sudar, a tener calor, a sentir una extraña sensación de mareo, a respirar con dificultad…etc. Sí. Es probable que te encuentres ante una situación de ansiedad.

La respuesta de ansiedad en sí misma es una respuesta adaptativa de defensa, de alerta, de supervivencia. Una respuesta innata que viene instaurada en nuestro repertorio comportamental. Su función adaptativa nos permite estar alerta ante cualquier peligro para prepararnos para la huida. Es por ello que si vamos a cruzar un paso de peatones y nos sorprende un coche que viene rápido, nos apartamos automáticamente. O si algo nos asusta nuestro cuerpo reacciona protegiéndonos del peligro.

En determinadas situaciones, la ansiedad también nos ayuda a ser más resolutivos: a la hora de hacer un examen o una entrevista de trabajo, al llevar a cabo una tarea,… Ya que aumenta nuestros niveles de alerta y de concentración, poniendo en marcha recursos de afrontamiento que nos permiten rendir mejor en lo académico, lo laboral o lo personal.

Excelentes-tips-para-no-perder-la-concentración

Sin embargo, existen otras ocasiones en las que no hay un peligro real (situaciones neutras o no amenazantes), ante las cuales podemos tener reacciones fisiológicas similares. Es por ello que hay personas que reaccionan defensivamente ante una araña, al tener que viajar en avión o cuando les dicen que tienen que dar una charla en público. Todas estas situaciones no reflejan una amenaza objetiva (si no todos reaccionaríamos de la misma forma), sino que esas personas han “aprendido” a reaccionar así, como consecuencia de sus experiencias vitales y de su historia de aprendizaje.

Es en este punto cuando la ansiedad comienza a limitar nuestro día a día. Empezamos a dejar de hacer planes, no vamos a determinados sitios “por si me mareo o me pasa algo”, dejo de coger el coche “porque me pongo nerviosa”, no viajo para no coger el avión,… Y de esta forma empiezo a evitar sistemáticamente todo aquello que me genera  tensión, incomodidad o nerviosismo; o a “descargar” esa ansiedad con estrategias de afrontamiento poco adecuadas (fumar, comer…etc.)

ansiedad4-es

Por otro lado, es importante aclarar que la ansiedad NO es una enfermedad. Hasta el día de hoy no existe el “gen de la ansiedad”, sino que ésta es consecuencia (no causa) de algo que no va bien, es decir, consecuencia de ciertos pensamientos irracionales desencadenantes, que son muy recurrentes y normalmente catastróficos.

Solemos tender a anticipar lo que va a ocurrir de una manera muy catastrófica (“y si voy sola y me pasa algo, y si no encuentro el sitio al que tengo que ir,  y si no soy capaz y me bloqueo, seguro que piensan que soy tonto…”). Este patrón cognitivo mantenido en el tiempo (dándole vueltas, y vueltas y vueltas a lo mismo), mantiene al mismo tiempo nuestros niveles de ansiedad, y en consecuencia intentamos escapar o huir de la situación.

Por todo esto es importante que nos demos cuenta de que nuestros síntomas… ¡Tienen una explicación! Y son más frecuentes de lo que pensamos (con un 29% de prevalencia en España, es decir más de 1 de cada 4 personas tiene, tuvo o va a tener síntomas de ansiedad alguna vez). No son sólo sensaciones incontrolables que surgen de manera automática y sobre los que no podamos hacer nada… La terapia psicológica, y en concreto la terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser la alternativa más eficaz para tratar los problemas de ansiedad.

Compartir entrada: